**Lo que el tiempo devora**
El cielo cuelga, pesado,
sobre la ciudad,
como algo que no se dice.
Las nubes, densas y bajas,
quieren hundirlo todo
en una penumbra
que no termina de ser noche.
Debajo, los edificios se apilan,
como pensamientos inconclusos,
atrapados en un espacio
que nunca deja de cerrarse sobre sí mismo.
El mar sigue ahí, indiferente,
testigo mudo que observa sin intervenir,
las olas vienen y van,
arrastrando lo que nadie quiere recordar,
borrando huellas de lo que alguna vez importó.
Hay ecos en la brisa,
murmullos de un pasado
que se desvanece entre luces temblorosas
y calles que no llevan a ninguna parte.
La ciudad sigue despierta,
resistiendo sin entender por qué,
sus luces parpadean,
súplicas en la distancia,
tratando de perforar la sombra.
Pero la oscuridad no responde.
Solo espera.
Porque el tiempo devora,
sin prisa, sin odio,
sin compasión.
Devora porque es lo único que sabe hacer.